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viernes, 5 de abril de 2013

No lo leí... pero vi la película

Por Liuba Kogan
Jefa del Departamento Académico de Ciencias Sociales de la Universidad del Pacífico

Escuchamos frecuentes quejas acerca de los dispositivos tecnológicos porque para muchos son los responsables de que los jóvenes le dediquen poco tiempo a la lectura o los estudios. Por ello, los consideran una generación perdida e iletrada.


Sin embargo, nada está más lejos de la verdad, ya que los nuevos dispositivos tecnológicos están permitiendo que los jóvenes lean y escriban muchísimo más que en otras épocas. E incluso que sean creadores de relatos que cuestionan los cánones literarios clásicos. Hoy escriben y comparten innumerables blogs o bitácoras, se informan y comunican con otros jóvenes a través de mensajes de texto, crean contenidos visuales, mantienen contacto con otros jóvenes a lo largo y ancho del mundo, y chatean con sus amigos. También leen artículos de revistas y libros electrónicos.

Es más, inclusive se encuentran envueltos en la comunicación escrita más que en la oral. A tal punto que podemos aventurarnos a señalar que se está produciendo un renacimiento de la cultura escrita. Y si bien es cierto que la palabra oral parece enmarañarse con la escrita a través del uso de anglicismos, siglas y economía gráfica, los jóvenes sí saben diferenciar los códigos que deben usar cuando se comunican por medios electrónicos y cuando lo hacen por medio de un texto académico. 


Es cierto que nos puede preocupar ver a los adolescentes - uno al lado del otro- “conversando” a través de sus dispositivos móviles sin que se dirijan la palabra oralmente. Pero de ello no se deriva que se esté produciendo un irremediable empobrecimiento de la vida pública. Los jóvenes se han familiarizado rápidamente con la convergencia digital: para ellos la cultura letrada, la cultura oral y la audiovisual dialogan sin mayor problema. Inclusive han sido protagonistas de importantes movimientos políticos en diversos países del mundo justamente a través de su capacidad de informarse y comunicarse a través de sus dispositivos tecnológicos.

Sin embargo, a los adultos nos cuesta reconocer –como lo señalan García Canclini y Martín Barbero - que los saberes contemporáneos ya no se organizan exclusivamente en torno al libro y la escuela tradicional. Los jóvenes están leyendo y escribiendo en otros lugares (sus dormitorios y cabinas de internet), de otras formas a través de sus dispositivos móviles y con fines distintos que van más allá de la repetición de los saberes y deberes institucionales.



Con lo señalado, no planteo que no debamos promover la lectura de libros, sino reconocer que se está produciendo un gran cambio en las maneras en que nos comunicamos, informamos y entretenemos. Los nuevos medios de comunicación no destronan a los anteriores, sino que se suman a ellos. Es posible hoy leer un libro, ver una película sobre él, comentarlos en un blog y colgar fotografías al respecto en una red social. No perdemos. Por el contrario, ganamos todos. Por ello, a diferencia de los mayores, a los jóvenes no les da vergüenza decir que no leyeron un libro, pero sí vieron la película o leyeron comentarios sobre ella en un blog. Vivimos nuevos tiempos.

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