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martes, 9 de febrero de 2016

LOS CHOLOS/RUIDOS QUE INVADEN LIMA


Expresarse, es uno de los actos más sinceros de vitalidad en un medio como el peruano, donde la apreciación de las diversas manifestaciones están sesgadas por formas de concebir el mundo, círculos de irradiación cultural, represión política o inducción de aletargamiento por los medios de comunicación masivos; esta actitud vital tiene un carácter ancestral y no comienza con la música experimental ni con la masificación de la tecnología digital.

El sincretismo como medio de sobrevivencia se da en las distintas manifestaciones peruanas; lo que hoy llamamos música popular o folclórica (categoría dada por círculos de poder) es un claro reflejo de lo que sucede aquí; a través del tiempo las expresiones musicales se recrean de manera constante para recordarnos no lo último en tecnología musical o electrónica sino más bien el incesante afán de hacer escuchar lo que no quiere ser escuchado, las expresiones populares manifiestan una constante lucha contra la explotación sufrida o resaltan su vínculo con la naturaleza (los móviles tienen raíces ancestrales fuertemente arraigados a fenómenos naturales, ahora también urbanos –sin hacer separaciones categóricas entre ambos- y su relación con los que lo habitamos) y esto no necesariamente se manifiesta en sus líricas o calidad interpretativa, es una cuestión sobre todo de atmósfera, textura, idiosincrasia y actitud. Estas expresiones sonoras también se generan como parte de fenómenos migratorios como es el caso de la chicha y otras expresiones urbano “marginales” contemporáneas: las manifestaciones musicales populares en general, la movida “subterránea”, el ruido, los mercados y círculos de difusión paralelos, etc. Estos se inscriben o son el resultado de una realidad donde la música y los sonidos se han ido autogenerando como formas de respuesta y salida.

Nuestro imaginario está más poblado de desorden, migración, discriminación, reapropiación, huachafada, coches bomba, piratería, corrupción, que de cualquier estética vanguardista, para la creación sonora o de cualquier pretensión de figurar una decadencia “fashion” propia de las ciudades caóticas del mundo que desde ya hace tiempo son un cliché de la massmedia.

Lima y el Perú son mucho más que paisajes vírgenes, ciudades sucias, pobreza, silencio y ruido. Son también un conjunto de idiosincrasias que forman parte esencial de las sociedades que se han autogenerado al enfrentar las diversas carencias, discriminación y el colonialismo continúa ahora a través de las corporaciones e instituciones. Lo más interesante está en las relaciones de estos grupos humanos, en su búsqueda de cambios paralelos, a veces, incluso usando directa y aparentemente de manera ingenua recursos generados por el sistema opresor. Los fenómenos que resultan de estas relaciones son variadísimos.




Aloardí se genera de la misma forma, no hay un norte seguro para nada, menos para la producción sonora, no tenemos nada que perder, ya estamos perdidos. Al momento de expresar no existe preocupación si las propuestas serán aceptadas. El hecho de expresarse es ya una forma de sobrevivir. Estas contradicciones, hacen que Aloardí no sólo busque promover música experimental. La idea es fertilizar más este caldo de cultivo que es Sudamérica.

En algún momento hubo una relación y entusiasmo hacia el “Arte” (concepción de origen occidental) como medio de expresión, pero la realidad exige una inmediatez que deja de lado esteticismos y teorías, para convertirse en flujos de resistencia y formas de sobrevivir. Eso es observable en cómo se acomodan las cosas en las calles peruanas, el transporte, comercio y música informales. La estética se convierte en una consecuencia, en una de las tantas características de estos fenómenos.

El hecho de que la mayoría de publicaciones conocidas mundialmente y que los “protagonistas” de esta clase de “propuestas experimentales” sean de Europa, USA o Japón, se debe más a una cuestión de facilidad de recursos, para escribir la “historia” (que siempre ha escrito el poder de turno) que a la ubicación geográfica. Como se sabe, en el llamado primer mundo en la mayoría de casos este tipo de propuestas ya pueden formar parte del capital del estado y ya han sido asimiladas (directa o indirectamente), allí tienen por ejemplo al actualmente llamado: “Arte Sonoro”. Las migajas ya llegan a nuestras orillas, posiblemente esta publicación sea muestra de eso.
 
El caos e informalidad generado en algunos lugares de Lima, puede ser una celebración de la autodestrucción. Una especie de carnaval cotidiano; estamos aquí para hacernos recordar (como “humanos”) que vamos a morir, que nos estamos muriendo expresivamente. La vida quizás no es sólo nacer, comer, poseer, ir a conciertos y asistir a exposiciones con instalaciones alucinantes. Nos interesa más romper con esa falsa seguridad, con esa búsqueda de inmortalidad del ser humano. Y lo obtenemos con muchos aliados: máquinas, insectos, corrosión, huachafada… la naturaleza comiéndose al humano… ¿El desorden humano es el orden de la naturaleza?

Gabriel Castillo / Christian Galarreta
(Publicado en el libro cd "Sounds from beyond the bubble", Sonic Arts Network, London, 2007. Curado por Víctor Gama)

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