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jueves, 26 de agosto de 2021

UNA CONVERSACIÓN CON CARLOS MANCHA FERIA .: Desde las provincias se irradian las bases para la explosión cultural que desde hace años se vive en Ayacucho


 

Carlos Mancha Feria es guitarrista de las bandas de folk blues y rock fusión Bluestuta y Cholopower, realizó estudios de Ingeniería de Sonido en el Orson Welles donde tuvo como mentor a Julio Benavides y descubrió las posibilidades del sonido electrónico. Acaba de lanzar el single "Luz" previo a la publicación, este 17 de Setiembre, de "Flat Fill" (Superspace Records, 2021), una rodaja de irreal lounge ayacuchano esculpido en el DAW ZenBeats de Roland a base de cadencias, armonías y deconstrucciones exquisitas. Con él hablamos de su música y experiencias, en definitiva de su mundo.


¿Cuéntanos qué músicas escuchabas en casa y de adolescente?

Casi toda mi infancia en casa no se escuchaba mucha música, pero sí mis padres sintonizaban los programas de noticia radial todas las tardes durante los almuerzos familiares. Estación Wari, era la radio por la cual tuve mi primer acercamiento con la música, sobre todo en el género folclórico. Durante la adolescencia, en cambio, todo empezó con Nirvana cuando un amigo de colegio me prestó su cassette y pude escuchar el sonido de la guitarra eléctrica con distorsión por primera vez. Me pareció pura magia el rock y sobre todo el poder de la guitarra eléctrica. En adelante, y durante las vacaciones de verano, tuve la suerte de llegar a la casa de un primo que vivía en el distrito de Breña en Lima, quien tenía una gran colección de discos de rock. Contaba en su colección, desde los clásicos como Led Zeppelin o Beatles, hasta los modernos por esos años como Red Hot Chili Peppers, pasando también por el sonido del rock argentino de aquellos años. Tuve mucha suerte de contar con un familiar melómano, quien me inculcó apreciar el estilo del rock, que es la base desde donde aprendí a escuchar cientos de canciones en adelante. Curiosamente, mi primo no era tan fanático del rock de los ochentas, por lo que muchos años después recién pude disfrutar de la música de aquella generación. 

¿Cómo o con qué discos descubriste la música electrónica?

El primer disco que me marcó fuertemente fue Tubular Bells (1973) de Mike Oldfield. Pese a que no es un disco eminentemente electrónico, sí están muchos instrumentos eléctricos como la guitarra y el bajo, además del uso de sintetizadores, que fueron instrumentos muy avanzados tecnológicamente en sus tiempos. Es un disco que siempre recomiendo porque es un buen ejemplo de cómo uno puede romper reglas en la música sin perder el poder de la creatividad y la magia para capturar al oyente. También es un buen disco para mejorar la concentración mental, ya que, al contener piezas de larga duración, el cerebro se fuerza, para entender la música, a prestarle mucha atención a la experiencia sonora. Sin embargo, puedo decir que descubrí la música electrónica en su esplendor gracias a mi maestro de la Orson Welles Julio Benavides, quien me enseñó el uso y lógica de distintas técnicas de los sintetizadores, el lenguaje de la programación musical, la aplicación de tecnología MIDI en la composición y la naturaleza del sonido. Aún recuerdo con nostalgia cuando asistía a clases para no perderme los pormenores que dictaba mi maestro. 



¿Cómo es la escena musical y cultural en general en Ayacucho?

La región de Ayacucho siempre ha sido rica en cultura. Todo el año hay celebraciones culturales y religiosas a lo largo y ancho del departamento andino. Mientras uno sale de viaje de la capital de Ayacucho, la cultura andina se refuerza en los campos, en las actividades sociales de la gente, en su música y en su arte. Es una experiencia única comprender la cultura de la capital ayacuchana en contraste con sus provincias. En ese sentido, desde las provincias se irradian las bases para la explosión cultural que desde hace ya varios años se vive en Ayacucho al igual que en todo el Perú. Este nuevo consumo de productos culturales con raíces andinas, selváticas y afroperuanas tiene origen provinciano y no lo podemos negar. En lo musical, puedo señalar que en la ciudad de Ayacucho uno puede encontrar grupos musicales muy diversos dentro de un espacio relativamente pequeño. En Huamanga hay bandas que ya vienen tocando muchos años, por ejemplo, Actus Tragicus (punk), Deicidios (metal), Los Hermanos Curi (folklore) y Siwar Quinti (latinoamericana), por citar solo unos pocos ejemplos, ya que es indescriptible querer transmitir la verdadera cantidad de oferta musical que hay en todo el departamento. Recientemente este florecimiento ha sido empujado en parte también por jóvenes artistas como Kayfex y Renata Flores, quienes vienen creciendo rápidamente y son marcas nuevas que representan el nuevo Ayacucho, una tarea muy parecida a lo que realizaron hace ya varios años los hermanos Gaitán Castro y, mucho antes, El Trío Ayacucho.

¿Cómo definirías o describirías tu sonido?

Mi sonido es una constante búsqueda por el aprendizaje y es muy cambiante de acuerdo al contexto en donde me desenvuelvo. Mis más cercanos amigos de música saben que tengo un sonido muy diferente cuando toco en Bluestuta el género folclórico blues que cuando interpreto la guitarra de rock fusión en Cholopower. Definitivamente el sentir es distinto, es como si aprendiera un lenguaje completamente diferente con sus propias reglas y manera de apreciar la música. También cuando cojo la guitarra clásica o mandolina mi sonido se va a lo rústico y salen a flote mis raíces de ayacuchano y latinoamericano de manera inconsciente. Sin embargo, donde alcanzo la mayor libertad espiritual e intelectual es cuando compongo música en la computadora. Definivamente la tecnología musical es la mejor oportunidad para todo aquel apasionado por la música que quiera componer. Lo mejor de todo es que no necesitas ni siquiera tocar un instrumento para componer temas completos.

¿Cuánto tiempo te tomó concretar Flat Fill? ¿Qué herramientas has usado, dónde lo grabaste?

La grabación y composición musical del disco Flat Fill me tomó unos 6 meses aproximadamente, e inició al poco tiempo del anuncio de orden de inamovilidad que dictó el ex presidente Vizcarra. Me encontraba en Pueblo Libre, Lima, junto con la mayoría de mis hermanos y padre. Mientras mi tiempo se repartía entre actividades del hogar y la música, vivíamos dentro de un contexto de miedo por toda la información que consumíamos en los medios acerca del virus y sus potenciales riesgo en la salud. El disco fue grabado en su totalidad con software ZenBeats de la empresa Roland, básicamente por su facilidad a la hora de componer. Esta estación de trabajo tiene prácticamente de todo, uno puede seleccionar y modificar infinidad de sonidos y, sacando cuentas, era la mejor opción precio calidad disponible. Para ese entonces ya tenía definido que no podía componer en otros programas tops mundialmente como Protools, por su alto costo en la licencia y, sobre todo, porque es una tecnología que funciona mejor para bandas o sonorización de películas en donde se graban infinidad de pistas. 

¿Por qué Flat Fill?

Era una frase que ya la tenía rondando en mi mente mucho antes de la grabación. El termino Flat, traducido del inglés, significa plano, y es una palabra muy usado entre los ingenieros de sonido, cuando quieren decir que la señal de audio no tiene modificaciones o se encuentra en un estado puro. Fill es una palabra que se deriva de feeling, que se usa en el blues también para describir la capacidad de un músico para transmitir emociones. Entonces, juntando ambas palabras, quería comunicar un sentimiento puro, muy ajeno a los estándares de la industria musical imperante. Por eso una de las decisiones más importantes fue prescindir de la música cantada, porque buscaba que la música pueda generar emociones en su estado puro.

Eres integrante de bandas como Bluestuta y Cholopower, háblanos de tus otros proyectos plis.

Estoy muy agradecido con la vida porque, gracias a mis amigos de ambas bandas, he podido crecer, junto con ellos, en el aspecto musical. La experiencia que uno puede sacar de los ensayos, composición, grabación, difusión, intercambio de ideas de procesos creativos, conciertos, giras y entrevistas es un proceso que me nutrió en lo más profundo de mi ser. De ahí mi gratitud a mis amigos de la música y a la vida. Con Bluestuta buscamos imprimir nuestro sentir ayacuchano en nuestras letras y música. Queremos capturar e imprimir ese sentir de esperanza de superación hacia el futuro mezclado con aquella frustración social que se vivió en nuestra tierra en la década de los ochentas y noventas, dentro de un contexto de historias de amor y cotidianidad. En Cholopower, por el contrario, se busca promocionar y difundir nuestras diversas formas musicales, desde la fusión con el rock, a la mayor cantidad de personas posibles. Recientemente se promocionó en México, con relativo éxito, el tema popular ayacuchano Pasacalle. Los amigos oyentes de México nos comentaron que nuestro trabajo les encantó, sobre todo los personajes de danzantes de tijeras que aparecen en el video clip.

Me comentabas que estudiaste en el Orson Welles. ¿Qué tal esa experiencia? ¿Quisieras especializarte en el futuro en algún otro país quizás?

La experiencia en Orson Welles, mi alma máter en la música, fue única. Tuve el privilegio de ser educado por grandes maestros de la música y la tecnología musical como Nilo Velarde, Jorge Azama y, el ya mencionado, Julio Benavides, entre otros. Todos ellos muy reconocidos, desde ese entonces, a nivel nacional e internacional. Ellos formaron a una generación de jóvenes que hoy se encuentran muy bien posicionados en la industria musical y de publicidad, así como en empresas de medios masivos; entre ellos, Jaime Salazar, Renzo Mena, Bryan Jáuregui, Juan Diego Felices, entre otros. También tengo amigos que se fueron a las ramas de la música como el desaparecido Kenneth Quiroz de Serial Asesino y Chabelos, o el gran Ricardo Méndez de Difonía. Me gustaría en el futuro poder colaborar en la rama de música electrónica con el artista Nils Frahm, ya sea a distancia o en cualquier país. Realmente admiro cómo, desde la música electrónica, él puede recrear las emociones de la música clásica a un nivel insuperable.

¿Por qué hacer (o haces) música?

Hago música porque considero que es la forma en cómo puedo sentirme realizado. Sin la música mi existencia sería incompleta. Haciendo música siento que puedo ser libre y único. Es por eso que ya, desde ya hace buenos años, soy consciente que solo con la música puedo comunicar emociones que no me es permitido con el lenguaje corporal, escrito y hablado.

Gracias por la entrevista Carlos, un saludo desde el cono norte de Lima.

Agradecerles también a ustedes por brindarme este espacio para poder comunicar mis ideas acerca de la música y el trabajo que vengo realizando. Un saludo muy especial para todo su público del cono norte de Lima.


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Haz el ejercicio de pasear una tarde por la plaza del Cuzco, siéntate a la vera de su fuente y distinguirás entre cuzqueños, entre las decenas de argentinos hippies (muchos realmente insoportables), unos cuantos chilenos y de esa pléyade de "gringos" -que vienen dispuestos a ser estafados, bricheados, etc-, a unos curiosos especímenes: los limeños.
Contrariamente a lo que creemos los hijos de esta tierra, lo primero que nos delatará será nuestro "acento". Sí, querido limeño, tenemos acento, un acentazo como doliente, como que rogamos por algo y las mujeres, muchas, además un extraño alargamiento de la sílaba final. Pero lo que realmente suele llamarme la atención es la manera como nos vestimos para ir al Cuzco, porque, el Cuzco es una ciudad, no el campo. Tiene universidades, empresas, negocios, etc. Siin embargo, casi como esos gringos que para venir a Sudamérica vienen disfrazados de Indiana Jones o su variante millenial, nosotros nos vestimos como si fuésemos a escalar el Himalaya. Ya, es verdad que el frío cuzqueño puede ser más intenso que el de la Costa -aunque este invierno me esté haciendo dudarlo- pero echa un vistazo a todo tu outfit: la casaca Northfake, abajo otra chaquetilla de polar o algo así de una marca similar, las botas de montañista, tus medias ochenteras cual escarpines, todo...
Y es que esa es la forma como imaginamos la Sierra: rural, el campo, las montañas, aunque en el fondo no nos movamos de un par de discotecas cusqueñas. Es decir, bien podrías haber venido vestido como en Lima con algo más de abrigo y ya; pero no, ir al Cuzco, a la sierra en general es asistir a un pedazo de nuestra imaginación geográfica que poco tiene que ver con nuestros hábitos usuales del vestido, del comportamiento, etc. Jamás vi en Lima a nadie tomarse una foto con una "niña andina" como lo vi en Cuzco y no ha sido porque no haya niños dispuestos a recibir one dollar por una foto en Lima, pero es que en Cuzquito (cada vez que escucho eso de "Cuzquito" me suda la espalda) es más cute. Ahora, sólo para que calcules la violencia de este acto, ¿te imaginas que alguien del Cuzco -Ayacucho, Huancavelica, Cajamarca o hasta de Chimbote- viniese y te pidiera tomarse una foto con tu hijita, tu sobrino, o lo que sea en Larcomar para subirlo a Instagram o al Facebook? ¿Hardcore, no?


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EL LENGUAJE: UN DISCURSO SIN CANCIÓN.

No queremos sus diccionarios, o su dicción, llenos de palabras que oprimen, que humillan y controlan. Ellos usan esas palabras para proteger a los suyos, siendo su jerga un código morse secreto cuyo objetivo es conservar su privilegio y poder social. De modo que para poder comprender la sociedad, debemos comprender sus ingredientes, las habilidades y los métodos de las personas que se comunican mediante el lenguaje tan solo para controlar y confundir. Para ser incluso capaces de soñar con cambiar la sociedad y el tenaz agarre de estas personas, debemos cambiar el lenguaje, sus formas y patrones. Quiébralo, mézclalo, ve qué es lo que realmente hace, lo que realmente dice, exponlo, revela su fortaleza, su debilidad. Las personas no pueden vivir con un lenguaje de lo correcto y lo incorrecto, lo negro y lo blanco, o esto o lo otro. No refleja la realidad, o la vida,o cómo cada uno de nosotros realmente siente y piensa día a día. Hoy en día el lenguaje está diseñado para acabar en conflicto, y en este momento aquellos que controlan el lenguaje intervienen como expertos y nos controlan. El lenguaje tiene que ser común a todos y para ello este lenguaje debe ser replanteado. La cultura tiene que mostrarles técnicas a las personas para derrumbar la lógica aparente del lenguaje que sigue una línea hacia una conclusión, y desarrollar formas que reflejen las infinitas respuestas y posibilidades paralelas, un caleidoscopio sin conclusiones ni puntos fijos que, por lo tanto, describa con mucha mayor precisión cómo se siente la vida y cuán incierto puede sentirse cada momento de la vida, cuán poco realmente se puede planificar, o con cuán poco se puede contar. Luchamos unos contra otros con intensidad paranoica en lugar de estar haciéndolo contra los despreciables señores feudales que se reúnen, petulantes, en ese edificio junto al agua. No es de extrañar que piensen que somos escoria patética, peleando contra lo que es más fácil y está más cerca de nosotros, contra nosotros en lugar de contra ellos. El edificio que ocupan para simbolizar su libertad podría fácilmente convertirse en su prisión. La mejor arma, la mejor defensa es aquella que toma la propia energía de tus atacantes y la vuelve contra ellos. El lenguaje puede volver a ser ensamblado todos los días de una manera diferente para ayudar a liberarnos. Nuestras pequeñas jaulas concretas pueden ser nuestros palacios, y sus palacios pueden ser sus jaulas. KALI 5 Y GENESIS BREYER P-ORRIDGE, LONDRES, 23 DE SEPTIEMBRE, 1987