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domingo, 26 de noviembre de 2006

Pensamientos (no) extraños ;)

Anteayer leí esta muy interesante columna del periodista limeño César Hildebrandt, quien escribe para el diario La Primera... espero os deleite...
Saludos,
W.

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La ley y el orden

Presidente pide orden”, dicen los periódicos resumiendo la posición de Alan García, presidente de la República. Y añaden: “Presidente Alan García pide a la Policía Nacional hacer uso de sus armas contra autores de vandalismo”.

¡Estupendo! Volvemos a ser el país de la ley y la autoridad. No la ley y la autoridad con las mineras que envenenan ni con los banqueros que estafan ni con los militares que matan inocentes. Volvemos a ser el país de la ley y la autoridad con la gente que sale a protestar porque ha pasado algo sucio con las elecciones, porque la ONPE demora los resultados con una incompetencia mayúscula, porque el JNE permitió que se usaran dineros públicos para ciertas campañas y toleró que cualquier gaznápiro candidateara y porque, en fin, el hastío de la gente por la podre pública ha llegado a cotas muy altas.

Entonces, bala. Bala con ellos. Que se limpien las calles de la protesta ciudadana. No importa el costo. A punta de bala, si es necesario. Como en el Frontón, digamos. Como en Lurigancho. Como en Santa Mónica. Como siempre.

Porque aquí los máuseres de Ciro Alegría siguen botando fuego y los perros hambrientos siguen ladrando y la serpiente de oro la tenemos enroscada en el escudo nacional y el mundo es ancho y ajeno, hoy más que nunca.

Y como las protestas están lejos y suelen ser de cholos borrascosos y despreciados, cuando no de indios negados y “retratados” en Madeinusa –la peli favorita de cualquier Hitler de Chacarilla–, más bala todavía.

De lo que resulta que Aldo Mariátegui se ha convertido en el ministro del Interior sin resolución en El Peruano y sin firma de don Jorge del Castillo.

Porque el primero que pidió represión fue Aldito, que ama el orden siempre y cuando sea el que concibieron, desde Oyssa, los Agois, o sea los Aguá, o sea los chicos que siempre le adeudan a la SUNAT un montón de millones pero siempre consiguen, gracias a las Hirsch del serrallo, contratos publicitarios de la SUNAT. Es decir que no pagan sus impuestos y encima la SUNAT les paga cientos de miles de soles para contratar publicidad nueva. No amortizan la deuda y reciben dinero fresco de la entidad que debiera haberlos embargado. Ese es el mundo que hay que proteger del desorden epidémico del extremismo.

Y el comunicador principal de los Aguá pide mano dura con los alzados, que piden claridad donde hay tinieblas y actas limpias donde hay manoseo y huellas grasientas. Y viene la mano dura en la boca de García, que un día dio órdenes que acabaron con cientos de muertos masacrados. Porque para dar órdenes de ese tipo sólo se necesita un Aldito que susurre, un edecán para todo servicio,un teléfono que comunique, un prefecto con ganas de pólvora y un presidente que levanta el mentón cuando de imponer la ley a la gente se trata pero agacha el alma cuando lo de las sobreganancias mineras se pone en agenda. Es decir, un presidente temerario con los que le temen y catatónico de espanto con los que lo tienen del cogote.

–Que se restablezca el orden –dice el edecán. Esa es la orden del presidente– añade con voz gruesa.

Si Fox hubiese metido bala en Oaxaca, que hace seis meses está en huelga, hoy estaríamos hablando de nuevos Villas y Zapatas. Si la señora Bachelet hubiese metido bala a los muy decididos y beligerantes escolares que sacudieron las calles de Santiago, hoy recordaríamos entierros masivos, entre ellos el sepelio político de la propia señora Bachelet. Sánchez de Losada y Lucio Gutiérrez sí metieron bala, ellos sí. Su destino fue la simbólica fosa común de los presidentes removidos a patadas en el culo.

Pero así es la derecha. Siempre encuentra –o trata de encontrar– a un pobre diablo que dispare por ella y mate en su representación. Y siempe instiga a apretar el gatillo que jamás necesitó apretar por sí misma. Porque para eso están los uniformados y los comandantes supremos de los uniformados, es decir los jefes de Estado, que son parte del servicio pero sin uniforme.

“Basta”, glosa cierta prensa. ¿Basta de qué? ¿De la prensa con aspiraciones de tapizón, por ejemplo? ¿Basta del pacto con el fujimorismo? ¿Basta de haber traicionado punto a punto y parágrafo a parágrafo la propuesta electoral que permitió el triunfo aprista?

César Hildebrandt.



www.laprimera.com.pe

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